Relaciones familiares y

Trastorno Límite de la Personalidad

María Sánchez Izquierdo, 4º de Psicología

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Sandra Rodriguez, Diseño Web

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1. ¿QUÉ ES EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD?

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) se define en el Manual Diagnóstico Estadístico de Psicología (DSM-V) como un patrón de personalidad caracterizado por una destacable impulsividad e inestabilidad en distintas dimensiones personales, tales como la autopercepción, la identidad, las emociones y las relaciones personales, las cuales suelen ser intensas y volubles. El TLP, al igual que el resto de Trastornos de la Personalidad, se manifiesta al inicio de la adultez y está presente en muchos de los ámbitos de la vida de la persona, generando gran malestar y desadaptación.

Quizás lo más característico de este trastorno sea la inestabilidad emocional, siendo el origen de los episodios de ira descontrolada, la intensidad de la ansiedad, y el enfado frecuente que demuestran estas personas. Además, es común que alternen entre la idealización del cuidador o amante, compartiendo muy pronto detalles personales, y la devaluación al creer que no les presta suficiente atención, a la par que llevan a cabo grandes esfuerzos para evitar el abandono, refiriendo una sensación crónica de vacío.

Las personas con TLP sienten un temor intenso a ser abandonadas, lo que los lleva a buscar siempre compañía y a responder de forma desproporcionada con desesperación, angustia e ira a las separaciones (aunque sean de corta duración), cambios de planes, retrasos en la llegada de otras personas respecto a la hora acordada, o incluso abandonos imaginarios. Estos sentimientos en ocasiones derivan en actos impulsivos como autolesiones y tentativas de suicidio, consumo de drogas o atracones de alimentos (1,2). Desde la adolescencia hasta la mediana edad, se calcula que un 70% de estas personas habrá llevado a cabo un intento de suicidio, y un 50% lo repetirá más veces a lo largo de su vida. Sin embargo, tan sólo entre un 8% y un 10% de ellos lo consumará (3).

Más allá de la conceptualización del trastorno, su diagnóstico resulta complejo en la práctica clínica y frecuentemente se diagnostica en menor proporción o se realizan diagnósticos equivocados (4). No obstante, para acabar de situar la importancia de este trastorno en nuestra sociedad actual, cabe conocer algunos datos que demuestren su prevalencia. Numerosos estudios indican que entre el 1% y 2% de la población actual tiene este diagnóstico, siendo más frecuente en mujeres que en hombres con una relación de 3:1. (1,4,5).

Aunque se suele establecer la edad adulta como el momento clave de este trastorno, debido al descontrol emocional e impulsivo, la alta tasa de suicidios y la frecuente utilización de recursos de salud mental (1), las primeras manifestaciones generalmente se dan en la adolescencia y preadolescencia (6). No obstante, los síntomas más relacionados con la impulsividad se reducen con la edad (aproximadamente cuando la persona alcanza los 40 años) y gran parte de las personas con TLP se estabilizan en este punto, aunque otro grupo de pacientes empeoran progresivamente, llegando a aislarse (3,5).

Es imposible señalar una única causa u origen de la patología, ya que es el resultado de una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales (7), de forma que los síntomas y las manifestaciones individuales de la patología dependerán de la combinación de factores temperamentales, experiencias de la infancia, y disfunciones neurológicas y bioquímicas subyacentes específicas de la persona (8).
Sin embargo, sí que se pueden destacar algunos factores de riesgo en estos tres niveles que estarían en la base del diagnóstico.

A nivel biológico, la amígdala tiene un papel relevante en la sintomatología del TLP ya que, junto a otras estructuras cerebrales, se encarga del aprendizaje emocional y el procesamiento y la regulación de las emociones, áreas que se encuentran alteradas en personas con esta patología, las cuales tienden a valorar de forma emocionalmente errónea los acontecimientos. Por otro lado, las características más relacionadas con la impulsividad y la agresividad pueden tener su génesis en el sistema serotoninérgico de estas personas (7).

A nivel psicológico resuelta relevante el contexto familiar, ya que los factores de riesgo más prevalentes en el TLP son los eventos traumáticos vividos en el marco de las relaciones familiares durante la infancia. Algunos patrones familiares relacionados con esta patología se caracterizan por un estilo de crianza con mucho control y poca protección o afecto, negación del mundo emocional del niño o ausencia de conexión emocional con él, y en algunos casos, con una maternidad no deseada, la separación o pérdida de los padres, o incluso con presencia de psicopatología diversa en los progenitores (7,8). Estos patrones de crianza pueden tener como consecuencia eventos traumáticos tales como el abuso sexual, físico, emocional y verbal, las carencias emocionales, los cuidados inconsistentes o la negligencia (8,9,10).

Por último, a nivel social, los contextos de violencia o abuso son factores de riesgo para la patología (7). Además, guarda relación con los factores psicológicos, ya que se ha demostrado que las personas con TLP que han sufrido abuso sexual en la infancia mayormente provienen de entornos caóticos, con dinámicas familiares muy disfuncionales (8).

2. LAS RELACIONES FAMILIARES

Los trastornos psicológicos son complejos y no afectan únicamente a la persona que los sufre, sino a todo su entorno. Cada familia es única y las dinámicas que surgen son complejas y diferentes, por lo que es imposible reducir esto a un simple esquema que las defina, no obstante, sí que se puede identificar un patrón común y ciertas características que aparecen frecuentemente en las relaciones familiares donde uno de sus miembros tiene el diagnóstico de TLP.

Los estudios que se han llevado a cabo destacan los siguientes indicadores: falta de comunicación entre los miembros de la familia, elevado nivel de hostilidad y conflicto (11).
En estas familias suelen existir estilos de crianza con excesivo control y poca protección; cuidados inconsistentes; dificultades para empatizar; límites poco claros y una jerarquía inadecuada con poca cohesión familiar (7).

En ocasiones, uno de los padres se involucra con el niño (diagnosticado con TLP) desde el control, mientras que el otro es distante. Además, el clima emocional suele ser de rechazo, a pesar de que se le confiere todo lo que pide, en parte debido al temor a sus reacciones, caracterizadas por una ira descontrolada y elevada impulsividad (12).

Pese a la existencia de dicho patrón, no se da en todos los casos, ya que hay familias con un funcionamiento adecuado en cuyo seno uno de los miembros tiene este diagnóstico (7).

3. INTERVENCIÓN SISTÉMICA

El tratamiento de las personas con TLP ha cambiado mucho con los avances en el área de la Psicoterapia. A día de hoy existen varios tipos de intervenciones que han dado buenos resultados, sin embargo, considerando el patrón de crianza de las relaciones familiares que influyen en las personas con TLP, resulta especialmente relevante conocer el modelo de intervención sistémica familiar. Numerosos estudios coinciden en que la integración de la familia al tratamiento es clave a fin de favorecer los progresos de aquellas personas diagnosticadas y sus familias (7).

El modelo sistémico tiene como objetivo de su intervención modificar las relaciones familiares y, por tanto, favorecer el funcionamiento y el pronóstico de la persona con diagnóstico de TLP. Se incide en la mejora de la empatía y la comunicación, lo que va a disminuir el clima de tensión y la conflictividad.
Es relevante crear un clima familiar que contenga, que asegure sus límites y estructura más básica para que pueda sostener a sus miembros, lo que se consigue ajustando la jerarquía, las normas y los límites de cada subsistema.

Finalmente, cabe considerar que durante la intervención sistémica no sólo se trabaja con la familia como conjunto, sino que se integra la historia familiar y la historia de cada miembro, tomando en consideración los conflictos no resueltos y las motivaciones de cada uno, su rol en la familia y el momento del ciclo vital en el que se encuentran.

Asimismo, en el espacio que confiere la terapia, se pueden abordar las vivencias de cada miembro desde el respeto y la comprensión, aceptando el sufrimiento que conlleva este trastorno para cada uno. Generalmente, la persona con TLP suele verbalizar un pesar que proviene de las vivencias de desigualdad por el trato recibido por parte de sus padres, a la vez que puede escuchar y empatizar con la preocupación que expresa su familia, comprendiendo las pérdidas y renuncias que ha supuesto el trastorno para todos.

4. CONCLUSIÓN

El Trastorno Límite de la Personalidad, así como otros trastornos psicológicos, tiene un fuerte impacto en las relaciones familiares, a la vez que suele tener su origen en las mismas. Por ello, resulta relevante llevar a cabo una intervención que genere cambios en estas dinámicas para poder ayudar no sólo a la persona con este diagnóstico, sino a toda la familia, considerando el sufrimiento y el impacto que el TLP tiene en ellos.

5. BIBLIOGRAFÍA

1. American Psychiatric Association (APA). (1994). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV). Masson.
2. American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V). Masson.
3. CatSalut (2006). Trastorno límite de la personalidad (TLP). [Archivo PDF] https://www.trastornolimite.com/images/stories/pdf/tlp-catsalut-cast
4. Agència d’Informació, Avaluació i Qualitat en Salut (AIAQS). (2011). Guía de práctica clínica sobre trastorno límite de la personalidad. [Archivo PDF] https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2018/12/GPC_482_Trastorno_Limite_Personalidad_resumida
5. Oldham, J.M., Gabbard, G.O., Goin, M.K., Gunderson, J., Sologg, P., Spiegel., D., Stone., M., & Philips, K.A. (2001). Practice guideline for the treatment of patients with borderline personality disorder. [Archivo PDF]. https://psychiatryonline.org/pb/assets/raw/sitewide/practice_guidelines/guidelines/bpd
6. Kaess, M., & Chanen, A.M. (2020). Trastorno límite de la personalidad en la adolescencia. RET: Revista de Toxicomanías, 84, 15-26.
7. Melendo Granados, J.J, & Cabrera Ortega, C. Guía del Trastorno Límite de la Personalidad (Guía para el profesional). [Archivo PDF]. http://www.madrid.org/bvirtual/BVCM009921
8. Zanarini, M.C., Williams, A.A., Lewis, R.E., Reich, R.B., Vera, S.C., Marino, M.F., Levin, A., Young, L., & Frankenburg, F.R. (1997). Reported pathological childhood experiences associated with the development of borderline personality disorder. The American Journal of Psychiatry, 154(8), 1101-1106. https://doi.org/10.1176/ajp.154.8.1101
9. Caballo, V., & Camacho, S. (2000). El Trastorno Límite de la Personalidad: controversias actuales [Borderline Personality Disorder: current controversies]. Psicología desde el Caribe, 5, 31-55.
10. Aguilar Calle, C., Marín Bolívar, M.A., & Arévalo Becerra, M.C. (2020). Caracterización clínica del trastorno límite de la personalidad [Clinical characterization of borderline personality disorder]. Poliatenea, 16(26).
11. Gunderson, J.G., & Lyoo, I.K. (1997). Family problems and relationships for adults with borderline personality disorder. Harvard Review of Psychiatry, 4(5), 272-278.
12. Linares, J.L. (2012). Terapia familiar ultramoderna. La inteligencia terapéutica. Herder Editorial, S.L.

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