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En este artículo hablaremos sobre las diferencias de género en las adicciones, daremos respuesta a aquellos interrogantes que todavía no han tenido respuesta, poniendo como pilar central a la mujer en el campo de las adicciones.

 ¿EXISTEN MENOS MUJERES QUE HOMBRES CON ADICCIONES?

Según las Estadísticas publicadas por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) en 2019 sobre Alcohol, Tabaco y drogas ilegales en España, en el grupo de edad de 15 a 64 años el número de hombres con adicciones es mayor que el de mujeres tanto en drogas legales (alcohol y tabaco) como en ilegales (cannabis, cocaína y heroína), con excepción de los hipnosedantes con o sin receta médica con una edad de inicio de 35 a 64 años. Los motivos pueden ser varios: accesibilidad, coste económico, falta de percepción de que se trata de una “droga”.

DIFERENCIAS DE GÉNERO EN LAS ADICCIONES EN RELACIÓN AL MODO CONSUMO

Una vez llegados a este punto, es importante aclarar la idea, que no existe un único perfil de mujer adicta, sino diferentes tipos que variarán en función de la sustancia, frecuencia, tipo de consumo… como sucede en los hombres.

La mujer adicta normalmente presenta una valoración negativa de sí misma, una baja percepción de su autoeficacia, y una visión negativa de su posibilidad de cambiar la situación.

El consumo en la mujer se trata de ocultar más que en los hombres, a nivel social y cultural y esto se debe a que existe un sesgo de género cultural, donde las mujeres se las culpabiliza más y por lo tanto tienen más vergüenza que los hombres por su consumo, lo que lleva a que se oculte y silencie, impidiendo a éstas solicitar ayuda de forma inmediata.

La mujer siente (valoración social) que está defraudando a su entorno, principalmente a su familia, de ella se espera que sea madre, pareja, trabajadora y compañera ideal, entregada a los demás y siempre capaz de cumplir los roles que se esperan. Ella es la cuidadora y la que tiene que entender y ayudar a los demás cuando la necesitan… cuando sucumbe, muchas veces, es porque se siente desbordada para calmar su sensación de angustia y frustración, por todo aquello que se espera de ella, y por tanto acude a sustancias que tiene a mano, principalmente alcohol e hipnosedantes.

En la mayoría de las ocasiones buscará vías de escape silenciosas, sin que los demás noten nada, que le den fuerzas para continuar manteniendo el ritmo que en muchas ocasiones se autoexige.

La mujer lleva a cabo estas acciones a escondidas, su autoestima disminuye y el autoconcepto sobre sí misma también cambia.

En muchas ocasiones se sentirá despreciable porque lo vive como una transgresión del rol que se espera de ella.

PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA PERCEPCIÓN SOCIAL DEL PROBLEMA: PECULIARIDADES EN EL RECONOCIMIENTO Y LA PETICIÓN DE AYUDA

Es fundamental reconocer las diferencias en la percepción social del problema. La sociedad ve con distintos ojos a la mujer adicta que al hombre adicto. Y esto es algo que repercute directamente a la hora de solicitar ayuda, y hacer frente a la adicción.

La valoración negativa que se emplea a nivel social de los comportamientos de la mujer, facilita que se desarrollen estereotipos específicos que provocan una mayor vulnerabilidad: se sienten marcadas por llevar a cabo un comportamiento que se considera éticamente inaceptable, pierden la valoración social positiva que acompaña a su rol como madre, esposa, mujer trabajadora….

En muchas ocasiones existe la percepción distorsionada de los comportamientos sexuales por ejemplo a nivel legal un hombre que actúa bajo los efectos de una sustancia, este hecho se le puede considerar como atenuante, en cambio en el caso de una mujer bajo los mismo efectos de dicha sustancia, en la mayoría de los casos se la ve como una víctima sexual, considerándose a los efectos de la sustancia como un agravante.

Esta mayor permisividad social respecto al consumo de los varones supone en el caso de las mujeres un arma de doble filo: por un lado se lleva a cabo para escapar de  las tensiones padecidas y por otro, se convierte en la causa de discriminación, empeorando su funcionamiento social y en muchos casos terminando en la marginación.

En relación a la hora de recibir ayuda la mujer se encuentra en desventaja respecto al hombre, por el riesgo que percibe la mujer de fracaso, rechazo, aislamiento social sobre su rol de género (madre, esposa, mujer trabajadora). Esto es así porque las consecuencias sociales son doblemente penalizadas, hacen sentir culpable a la mujer por su situación y por el abandono de esos roles asignados.

A la mujer le cuesta más que al hombre contar su situación en su entorno.

Si viven con la familia de origen, normalmente se enteran por una situación crítica y no porque ella pida ayuda. Además, cuando el problema se destapa supone en la mayor parte de las ocasiones un conflicto: a la madre se le culpa por no haber cumplido debidamente con su labor de crianza de los/as hijos/as y respecto al padre, a menudo se habla de “padre periférico”, se le reprocha que no sea capaz de poner orden, que es lo que se espera de él.

En cuanto a la pareja, lo más frecuente es que la mujer adicta busque como pareja a un hombre adicto. En esa relación, seguirá siendo ella la que lleve la mayor parte del cuidado del otro. Aquí también se da una diferencia, ya que el hombre adicto busca en su mayoría una pareja no adicta, buscando el cuidado. Conviene hacer notar que es muy poco frecuente la relación entre mujer adicta y hombre no adicto.

El hombre no adicto, en este caso parece tener dificultades ya que, al igual que en el caso del padre periférico, se le puede reprochar socialmente que mantenga esta situación, lo que conlleva que en muchos casos sea una situación silenciada.

Es necesario destacar, que el porcentaje de mujeres que acude a terapia acompañada de su familia es mínimo, hecho que contrasta con el apoyo que suelen recibir los hombres, que en su mayoría acuden acompañados.

Cabe destacar desde el modelo Sistémico de ITAD la importancia que tiene la familia, es clave a todos los niveles en el tratamiento de las adicciones.

Las relaciones sociales que mantienen las mujeres normalmente se dan en entornos donde no se consume, por ello cuando surge un problema de estas características, la sorpresa y el rechazo es mayor.

Cuando llegan al centro para recibir tratamiento, reconocen más sus adicciones y tienen una mayor predisposición para poner en marcha las pautas necesarias para ello, aplicando el modelo Sistémico en los tratamiento de adicciones en las mujeres tiene un alto éxito demostrado.

En las terapias de grupo en adicciones en ámbitos públicos acuden en su mayoría hombre de bajos recursos socioeconómicas. Esto supone un obstáculo para la mujer, ya que no tendrá la complicidad que si hubiera más mujeres que tuvieran su mismo problema,  impidiéndoles generar un clima de confianza suficiente para poder expresar con franqueza temas importantes como puede ser la sexualidad, o cuestiones relacionadas con la crianza de los hijos e hijas y existe un temor a ser juzgadas por sus acciones.

Sin embargo, si el enfoque de la institución de tratamiento de las adicciones tiene un modelo Sistémico grupal, no solo se van a respetar la diferencias de genero  en las adicciones, sino también las mujeres podrán aprovechar constructivamente dichas terapias a todo los niveles.

CONCLUSIONES

Hay que avanzar en crear las condiciones para que las personas independientemente de su género, tengan la capacidad y la seguridad de que pueden buscar y encontrar la solución que requieren para salir de las adicciones. Tenemos que escuchar y atender las necesidades especiales que manifiesta una parte de la sociedad para aprender y progresar en este terreno.

Sin duda cada vez son más numerosas las consideraciones que tienen en cuenta las peculiaridades de género en los distintos ámbitos de la salud. Se están implementando programas adaptados a esta realidad que pueden por ello multiplicar su eficacia. La información y el conocimiento sin duda harán que se pueda trabajar en esa línea de adaptación y especial cuidado ante las particularidades de las mujeres.

Reflexionemos sobre la necesidad de cambiar las condiciones individuales, familiares y sociales que hacen que exista esta discriminación sobre las mujeres. A nivel individual es importante contar con habilidades y una red de apoyo a la que acudir en caso de necesidad. En la familia es importante generar un clima de cariño,  seguridad y confianza en que se atiendan las necesidades de cada miembro, con independencia de si es padre, madre, hijo o hija.  A nivel social se deben promover políticas de igualdad que no significa otra cosa que fomentar que todas y todos tengamos iguales oportunidades de desarrollarnos.

En definitiva, ante una persona con adicción, hemos de ver su realidad, sin juzgar. Tengamos en cuenta el sufrimiento que ello acarrea a ella y a su familia y pongamos en marcha todas las herramientas para ayudar cuando lo solicite.  

Eduardo Brik
Eduardo Brik

Médico Psicoterapeuta

Director de ITAD y  del «Máster en Terapia Familiar Sistémica» y presidente de la Asociación «Terapias Sin Fronteras»
Web: https://eduardobrik.com
Correo: info@itadsistemica.com

Borja Cuellar
Borja Cuellar

Psicólogo

Licenciado en Psicología (UCJC)
Máster Oficial de Psicología Clínica y de la Salud (UCJC)
Autor del Blog: «Que piensa un psicólogo»

Mercedes AGUDO
Mercedes AGUDO

Grado en Psicología