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¿Qué criterios aplica el profesional para dar de alta a un paciente en adicciones?
Introducción
El alta en el tratamiento de adicciones no es simplemente “dejar de consumir”. Desde la Psicoterapia Familiar Sistémica, el alta se entiende como un momento clínico complejo, en el que se observan cambios significativos que deben sostenerse no solo en la persona, sino también en sus relaciones significativas, y mantenerse en el tiempo.
Entonces, ¿Qué criterios aplica el profesional para dar de alta a un paciente tras un tratamiento de adicciones? La abstinencia prolongada (entre 9 meses a un año aproximadamente) es uno de ellos, pero no el único, sino que implica una evaluación profunda de diversas áreas.
El alta no es el final del tratamiento, es una transición
Uno de los errores más comunes es pensar que el alta es el final del tratamiento. En realidad, representa el paso hacia una nueva etapa: la consolidación del cambio en la vida cotidiana, habiendo establecido relaciones sanas, nuevas prioridades, descubrir una nueva forma de ocio sin consumo, nuevos intereses y ocupaciones, etc. En síntesis, un nuevo modelo de vida que incluye la interrupción absoluta del consumo.
Desde el Modelo Sistémico, el objetivo no es solo “quitar el síntoma” (el consumo), sino en comprender qué función cumplía en el sistema familiar, de la pareja o en el sistema social. Por eso, el alta se plantea cuando el individuo se reorganizan de forma diferente en su vida priorizando las relaciones mas sanas.
Criterios para el alta
1. Estabilidad en la abstinencia
El primer criterio es la ausencia de consumo continuado durante 9 meses a 1 año aproximadamente.
Un paciente puede llevar semanas o meses sin consumir, pero si no ha desarrollado recursos psicológicos para sostener ese cambio, el riesgo de recaída sigue siendo alto. Es importante tener presente estos factores en relación a la abstinencia:
- Capacidad de identificar situaciones de riesgo
- Haber aprendido estrategias activas para evitar recaídas
- Capacidad de pedir ayuda inmediata al entorno más próximo en situaciones de riesgo, incluido el profesional
- Expresar al profesional o familiares sus temores ante posibles recaídas
2. Comprensión del propio proceso adictivo
El alta también requiere que la persona haya desarrollado un nivel de conciencia sobre su relación con la sustancia o conducta adictiva, para ello deberá:
- Reconocer los desencadenantes del consumo
- Entender las funciones que cumple
- Anticipar situaciones de vulnerabilidad (reuniones, fiestas, etc.)
Sin esta comprensión activa de cambio su estabilidad suele ser frágil.
3. Cambios en las dinámicas familiares y relacionales
Desde la Psicoterapia Familiar Sistémica, la adicción no se entiende como un fenómeno aislado, sino como parte emergente de las relaciones que hay en un sistema. Por tanto, el alta implica que:
- Las dinámicas familiares hayan cambiado
- Se hayan modificado los patrones de comunicación disfuncionales
- Se modifiquen los roles dentro del sistema
- Se reduzca la necesidad del síntoma como regulador de las relaciones en el sistema
En muchos casos, el verdadero indicador de mejora no está solo en la conducta del paciente, sino en cómo se reorganiza su entorno. Por ejemplo, es importante dar refuerzos positivos ante la abstinencia prolongada o cambio de actitudes “me gusta más como eres ahora, estamos orgullosos de tu abstinencia”, en lugar de críticas o reproches del pasado.
4. Desarrollo de recursos personales y emocionales
El profesional evalúa también si el paciente ha adquirido recursos para gestionar su vida sin recurrir al consumo:
- Regulación emocional más estable
- Mejora en la toma de decisiones
- Capacidad de tolerar la frustración y el malestar
- Desarrollo de alternativas saludables
Sin estos recursos, el alta sería prematura.
5. Autonomía progresiva del paciente
Otro criterio fundamental es la capacidad del paciente para sostener su proceso sin una dependencia constante del espacio de psicoterapia.
- Disminuye la frecuencia de sesiones sin deterioro
- El paciente toma decisiones de forma autónoma
- Se responsabiliza activamente de su proceso
El objetivo no es que el paciente necesite siempre al profesional, sino que pueda sostenerse por sí mismo.
El alta no significa ausencia de riesgo, sino preparación para manejarlo.
¿Quién decide el alta?
El alta no es una decisión unilateral. En la práctica clínica, suele ser un proceso consensuado entre el paciente, la familia y el profesional, basado en la evaluación de los criterios anteriores.
Es fundamental incluir siempre a algún familiar o relación significativa del paciente en esta decisión.
¿Qué señales nos deben poner en alerta ante un alta prematura del paciente?
Es frecuente que el paciente o la familia pida un alta antes de tiempo. El profesional debe estar alerta ante estas señales:
- Recaídas en el curso del tratamiento
- Abstinencia reciente sin cambios estructurales
- Falta de red de apoyo
- Dificultad para gestionar las emociones
- Persistencia de dinámicas familiares disfuncionales (mala relación con los hijos, sensación de soledad en la familia, amenaza de separación, etc.)
En estos casos, lo más recomendable es que el profesional se ponga en comunicación con el paciente y la familia, los pueda convocar y explicarles la necesidad de continuar con el tratamiento.
Conclusión
El alta en un tratamiento de adicciones no se basa únicamente en interrumpir el consumir, sino en lograr un cambio sostenible en la persona, en sus relaciones y vida social.
En ITAD aplicamos el Modelo de Psicoterapia Familiar Sistémica, donde el criterio fundamental es que, tanto el individuo- paciente identificado, como el sistema significativo de relaciones en su conjunto hayan encontrado nuevas formas de funcionamiento que ya no necesiten del síntoma.
Dar el alta no es cerrar un proceso, sino validar que el cambio puede mantenerse fuera del espacio psicoterapéutico. En ITAD nuestro promedio para alcanzar el alta en el tratamiento de adicciones es de 9 meses a un año aproximadamente. Luego se realiza un seguimiento espaciado en el tiempo, según el caso, a fin de continuar acompañando tanto al paciente como a su entorno significativo hasta los 4 años.