Sinopsis

Das weiße Band – Eine deutsche Kindergeschichte (título traducible al español como “La cinta blanca. Una historia infantil alemana”), también conocida simplemente como Das weiße Band y titulada La cinta blanca en español, es una película dramática de 2009, escrita y dirigida por el realizador austríaco Michael Haneke. Describe la vida en un pequeño pueblo del norte de Alemania justo antes de la Primera Guerra Mundial.

El largometraje fue estrenado en la 62ª edición del Festival de Cannes, donde ganó la Palma de Oro. Posteriormente fue galardonado, entre otros premios, con el Globo de Oro a la mejor película extranjera y elPremio del Cine Europeo a la mejor película. También obtuvo dos nominaciones a los Premios Óscar: Mejor fotografía y Mejor película de habla no inglesa.

Con el sugestivo subtítulo “Una historia alemana para niños”, plantea un turbador y ascético análisis sobre la represiva ambigüedad moral alemana de principios del siglo XX que gestará las dos grandes guerras mundiales y el nazismo. El tratamiento se realza gracias al uso medido del efecto de distanciamiento del teatro de Brecht.

Filmada originalmente en colores y luego “lavada” a blanco y negro para obtener mayor severidad y dramatismo, es una opresiva parábola sobre el origen de toda violencia cuyo guion se centra en los niños de un remoto pueblo del norte de Alemania a meses del advenimiento de la Primera Guerra Mundial.

Según Haneke, la película trata sobre “el origen de todo tipo de terrorismo, sea de naturaleza política o religiosa.” Para el realizador “es un microcosmos que representa el macrocosmos de la sociedad de manera muy eficaz

Obtuvo notable recepción de la crítica, The Guardian opinó: Una historia de fantasmas sin fantasmas, de crímenes sin culpables, una parábola histórica sin moraleja que lleva al espectador al borde del abismo de la ansiedad con escalofriante brillantez y helada exactitud.3 La cinta blanca (símbolo de pureza espiritual y amuleto contra el pecado) es una reflexión sobre el fin de la inocencia, la perversidad innata, la cómoda negación de los hechos a fin de no enfrentarlos y otras sórdidas facetas del alma humana plasmadas en un marco sutil de gran belleza escénica con soberbia fotografía de Christian Berger, acreedor a la mayoría de los premios personales obtenidos por la película.

Fue estrenada en el Festival de Cannes en mayo de 2009 y ganó la Palma de Oro y el Globo de Oro. También recibió una nominación a los premios BAFTA a mejor película de habla no inglesa y a los Premios Oscar por mejor película extranjera, premios que finalmente ganaron: la película argentina dirigida por Juan José Campanella, El secreto de sus ojos y el filme francés de Jacques Audiard, Un profeta.

Premios

2010: Premios Goya: Nominada a Mejor película europea
2009: Oscar: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2009: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2009: Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película), premio FIPRESCI
2009: Premios del cine europeo: Mejor película, director, guión. 4 nominaciones
2009: Premios BAFTA: Nominada a mejor película en habla no inglesa
2009: 10 Premios del cine Alemán, incluyendo mejor película, dirección y guión
2009: Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película extranjera
2009: Premios César (Francia): Nominada a Mejor película extranjera
2009: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2009: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor fotografía.
2009: Nominada a Critics’ Choice Awards: Mejor película de habla no inglesa
2009: Asociación de Críticos de Chicago: Mejor película extranjera
2010: Premios Gaudí: Mejor película europea.

Crítica

“Una soberbia obra maestra sobre las raíces del fascismo. (…) tan contundente, tan dramáticamente estimulante, tan cruelmente pesimista que duele.”
Luis Martínez: Diario El Mundo
“Un Haneke profundo y revelador (…) un enorme circunloquio en blanco y negro (…) con precisas y preciosas imágenes”
Oti Rodríguez Marchante: Diario ABC
“El bisturí de Haneke da miedo. (…) El director pone en marcha todo su poder de sugerencia (…) con implacable lucidez, con un estilo visual que te hipnotiza, que te hace palpar la degeneración interna”
Carlos Boyero: Diario El País
“Aunque a veces parezca que ‘El lazo blanco’ esté a punto de ser víctima de la rígida coherencia de su planteamiento, Haneke conduce con mano firme al espectador en la inmersión en un mundo de rabia, represión, mentiras y ocultaciones”
Sergi Sánchez: Diario La Razón
“Apabullante fotografía, un ritmo que puede parecer solemne hasta que se convierte en ominoso (…) Haneke sigue manteniendo ese pulso clínico con el que nos ha contado, bisturí en mano, historias de violencia contemporánea (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5).”
Antonio Weinrichter: Diario ABC
La gravedad del tema y el apabullante acabado formal –soberbia puesta en escena, magnífico casting, deslumbrante fotografía, rigurosa dirección, espléndido montaje- han granjeado a “La cinta blanca” el calificativo casi general de “obra maestra”. Pero Haneke, como ya ocurriera en “La pianista”, está lejos de la grandeza, porque es mezquino con sus mezquinos personajes. Afirma el director que su tarea es plantear preguntas y dejar que el espectador busque sus propias respuestas; pero las respuestas son obvias cuando se hurta a los personajes la posibilidad de elegir. “La cinta blanca” no es en rigor una película, sino una foto fija de una época, un mundo y unos seres despreciables. No hay acción en ella, y por tanto tampoco tensión ni evolución posible en la mera descripción de unas vidas condenadas, desde el comienzo, a cumplir una existencia miserable. Haneke transforma la indudable influencia del ambiente y la educación en puro determinismo moral, sin tener siquiera la generosidad de colocar a los protagonistas –con una única excepción- ante una simple disyuntiva que muestre la existencia, detrás de la fachada de la podredumbre, de un mínimo grado de conciencia, sentimientos o libertad de acción. No se trata de pedirle que se convierta al humanismo de Renoir o Kurosawa, pero sí de que sea justo con sus criaturas y sus espectadores. La innegable potencia visual de esta película –no exenta, por lo demás, de cierto manierismo, por ejemplo en el abuso del fuera de campo, o en la sórdida representación del sexo, marca de la casa- consagra y refuerza el horror, pero también oculta la pereza del autor para indagar más allá de lo evidente: que la violencia engendra violencia y el mal nace del mal. Y ello es importante, entre otras cosas porque acusar del surgimiento del nazismo a los padres de la generación que lo abrazó -sugiriendo que, visto cómo fue educada, no podía sino acabar como acabó- y negando por tanto la existencia del libre albedrío, es, como poco, simplista. Y, como mucho, peligroso.
Daniel Andreas: FILMAFFINITY
“No dejes que nadie te cuente demasiado de esta obra fascinante (…) un despliegue tóxico de imágenes que te queman en la memoria. (…) Este film inquietante nunca se te echa encima. (…) Puntuación: ★★★½ (sobre 4)”
Peter Travers: Rolling Stone

Martin: Le di a Dios una oportunidad de matarme. Él no lo hizo, así que está contento conmigo. La Cinta Blanca

Una película posee veinticuatro mentiras por segundo. Michael Haneke

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