Resiliencia tras los terremotos en Venezuela: reconstruir los vínculos después de la catástrofe
A un mes de los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026, muchas familias continúan atravesando las consecuencias emocionales, familiares y comunitarias de la catástrofe. Este artículo propone una reflexión sobre la resiliencia como un proceso de cuidado, acompañamiento y reconstrucción de los vínculos después de una experiencia traumática colectiva.
Los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026 provocaron una grave emergencia humana y material. Comunidades de Caracas, La Guaira, Aragua, Carabobo, Falcón, Miranda y otros territorios se han visto afectadas por la destrucción, las pérdidas de miles de vidas humanas, los desplazamientos y la incertidumbre. Especialmente en La Guaira, numerosas familias continúan enfrentándose a las consecuencias de una catástrofe que ha alterado profundamente su vida cotidiana.
Un terremoto no destruye únicamente edificios, carreteras o servicios, también quiebra la sensación de seguridad, interrumpe proyectos de vida y afecta emocionalmente tanto a quienes se encuentran en el territorio como a los familiares o amigos que viven en otros países.
Ante una tragedia de esta magnitud, hablar de resiliencia tras los terremotos en Venezuela no significa pedir a las personas afectadas que sean fuertes, oculten su dolor o regresen rápidamente a la normalidad. La capacidad de resiliencia de los seres humanos es proceso complejo, colectivo y profundamente humano.
¿Qué significa realmente ser resiliente?
La resiliencia es la capacidad de una persona, pareja, familia o comunidad para adaptarse a una situación adversa, movilizar sus recursos y recuperar progresivamente un funcionamiento que permita continuar viviendo, cuidando y vinculándose. No significa no sufrir. Tampoco significa olvidar lo sucedido, dejar de llorar o encontrar inmediatamente un aprendizaje positivo.
Una persona puede sentirse profundamente triste, asustada o desorientada y, al mismo tiempo, estar comenzando un proceso resiliente.
Desde una perspectiva familiar, la resiliencia implica mantener o recuperar determinadas funciones esenciales: proteger a sus integrantes, cuidar a las personas más vulnerables, reorganizar las responsabilidades y conservar la conexión emocional. Este proceso ocurre a lo largo del tiempo y depende tanto de los recursos internos de la familia como del apoyo social y comunitario disponible.
En anteriores contenidos de ITAD ya hemos destacado que la resiliencia se relaciona con la solidaridad, la creatividad, el acompañamiento y la capacidad de afrontar las dificultades de forma conjunta. No es únicamente una cualidad individual: se construye dentro de los vínculos.
El impacto psicológico de un terremoto
Después de una catástrofe es frecuente experimentar miedo, tristeza, irritabilidad, agotamiento, dificultades para dormir, sensación de irrealidad, problemas de concentración o una necesidad constante de comprobar las noticias.
También pueden aparecer:
- Recuerdos o imágenes repetitivas de lo sucedido.
- Temor intenso ante cualquier ruido o movimiento.
- Preocupación permanente por familiares desaparecidos o incomunicados.
- Culpa por haber sobrevivido o por encontrarse lejos.
- Sensación de impotencia.
- Conflictos familiares relacionados con decisiones, recursos o responsabilidades.
- Miedo a permanecer dentro de edificios.
- Necesidad de hablar repetidamente del acontecimiento o, por el contrario, evitar cualquier conversación.
Estas reacciones no indican necesariamente la presencia de un trastorno psicológico. La Organización Mundial de la Salud señala que prácticamente todas las personas afectadas por una emergencia experimentan algún grado de malestar emocional, aunque en muchas este disminuye progresivamente. Una parte de la población puede necesitar atención especializada cuando el sufrimiento persiste o afecta significativamente a su funcionamiento cotidiano.
Cuando toda la familia se ve afectada
Desde la Psicoterapia Familiar Sistémica entendemos que una catástrofe no afecta a cada persona de manera aislada. El impacto se extiende por todo el sistema familiar.
Una persona puede haber perdido su vivienda; otra puede estar buscando a un familiar; otra puede encargarse de cuidar a los niños o a las personas mayores. Quienes viven fuera de Venezuela pueden asumir tareas económicas, coordinar ayudas, realizar llamadas constantemente o sentirse responsables de resolver una situación que está fuera de su control.
Los miembros de una misma familia tampoco reaccionan necesariamente de la misma manera. Algunas personas necesitan hablar, otras permanecen en silencio. Algunas intentan mantenerse activas y resolver problemas, mientras que otras se sienten paralizadas. Ninguna de estas respuestas determina por sí sola que alguien esté afrontando la situación mejor o peor.
La resiliencia familiar comienza cuando estas diferencias pueden ser reconocidas sin convertirlas en reproches.
Claves para favorecer la resiliencia familiar y comunitaria
1. Priorizar la seguridad y las necesidades básicas
Antes de pedir a una persona que procese emocionalmente lo ocurrido, es necesario atender sus necesidades inmediatas: seguridad, alojamiento, agua, alimentación, medicación, información fiable y contacto con sus seres queridos.
Los primeros auxilios psicológicos no consisten en obligar a relatar la experiencia, sino en ofrecer una ayuda humana y práctica, escuchar sin presionar y conectar a las personas con los servicios y apoyos disponibles.
2. Permitir las emociones sin imponer fortaleza
Expresiones como “tienes que ser fuerte”, “por lo menos estás vivo” o “todo pasa por algo” pueden aumentar el aislamiento emocional.
Es más útil decir:
“Estoy aquí contigo”.
“Lo que sientes tiene sentido después de lo vivido”.
“No tienes que hablar ahora, pero puedes hacerlo cuando lo necesites”.
“Vamos a pensar juntos qué necesitas en este momento”.
Acompañar no siempre significa encontrar las palabras perfectas. Muchas veces consiste en estar presente, escuchar y ayudar con necesidades concretas.
3. Mantener una comunicación clara dentro de la familia
La falta de información y los rumores pueden aumentar la ansiedad. Es recomendable acordar quién verificará las noticias, cómo se compartirán las novedades y qué información se comunicará a los niños.
También puede ser útil distribuir responsabilidades para evitar que una única persona concentre todas las llamadas, gestiones, decisiones económicas y tareas de cuidado.
4. Recuperar pequeñas rutinas
Tras una catástrofe, regresar inmediatamente a la vida anterior puede ser imposible. Sin embargo, recuperar algunas rutinas sencillas ayuda a restablecer cierta previsibilidad.
Mantener horarios aproximados para comer, descansar, tomar la medicación, comunicarse con familiares o realizar actividades con los niños puede contribuir a recuperar progresivamente una sensación de estabilidad.
La resiliencia no siempre consiste en “volver a ser como antes”. En ocasiones implica construir nuevas formas de funcionamiento adaptadas a una realidad que ha cambiado.
5. Proteger a niños y adolescentes
Los niños necesitan recibir información verdadera, sencilla y adaptada a su edad. Ocultar completamente lo ocurrido puede aumentar su confusión, pero exponerlos continuamente a imágenes de destrucción también puede intensificar su miedo.
Es importante:
- Explicarles qué ha sucedido con palabras comprensibles.
- Repetirles quién los está cuidando y qué medidas se están tomando.
- Permitir que hagan preguntas.
- Evitar discusiones alarmantes delante de ellos.
- Mantener rutinas y espacios de juego cuando sea posible.
- Observar cambios persistentes en el sueño, la alimentación, el comportamiento o el rendimiento escolar.
UNICEF ha señalado que los niños afectados por los terremotos necesitan protección, apoyo psicosocial, atención sanitaria, agua segura y espacios en los que puedan sentirse protegidos.
6. Crear espacios para el duelo y la memoria
Muchas familias afrontan pérdidas repentinas, desapariciones o la imposibilidad de despedirse. Cuando no existe una confirmación clara sobre lo sucedido, puede aparecer un duelo especialmente doloroso marcado por la incertidumbre.
Los rituales familiares y comunitarios pueden ayudar a reconocer la pérdida: encender una vela, realizar un encuentro, escribir una carta, compartir fotografías, recordar historias o participar en una ceremonia religiosa o cultural.
Estos actos no eliminan el dolor, pero ayudan a darle un lugar dentro de la historia familiar.
7. Cuidar también a quienes ayudan
Familiares, profesionales sanitarios, rescatistas, voluntarios y personas que coordinan ayudas pueden permanecer durante días en un estado de activación constante.
Descansar, alimentarse, establecer turnos y reconocer los propios límites no representa una falta de compromiso. Nadie puede sostener indefinidamente a los demás sin recibir también apoyo.
El impacto en los venezolanos que viven en el exterior
La catástrofe también afecta a la población venezolana migrante. Estar lejos puede generar una combinación de miedo, culpa, impotencia y necesidad urgente de ayudar.
Muchas personas permanecen pendientes del teléfono, revisan noticias durante horas o sienten que deberían hacer más por sus familiares. Otras reviven experiencias anteriores de pérdida, separación, precariedad o duelo migratorio.
En estas circunstancias conviene:
- Establecer momentos concretos para consultar información.
- Verificar las noticias antes de compartirlas.
- Coordinar las ayudas con familiares y organizaciones fiables.
- Evitar asumir individualmente todos los problemas de la familia.
- Mantener las propias rutinas básicas de sueño, alimentación y trabajo.
- Buscar apoyo en la comunidad venezolana y en las redes cercanas.
- Hablar con un profesional cuando la angustia resulte difícil de manejar.
Estar lejos no significa ser indiferente. Pero ayudar no exige permanecer permanentemente expuesto al sufrimiento ni responsabilizarse de todo aquello que no puede controlarse.
¿Cuándo conviene solicitar ayuda psicológica?
Es recomendable buscar atención profesional cuando el malestar no disminuye, aumenta con el paso de los días o interfiere intensamente en la vida cotidiana.
Algunas señales de alerta son:
- Incapacidad persistente para dormir o realizar actividades básicas.
- Crisis de ansiedad frecuentes.
- Recuerdos intrusivos o pesadillas intensas.
- Aislamiento extremo.
- Consumo problemático de alcohol, psicofármacos u otras sustancias.
- Conflictos familiares graves o situaciones de violencia.
- Desesperanza intensa.
- Ideas de hacerse daño o de no querer continuar viviendo.
- Reacciones emocionales o conductuales preocupantes en niños y adolescentes.
Solicitar ayuda no significa que la persona sea menos resiliente. La atención psicológica puede convertirse precisamente en uno de los recursos que permiten recuperar la seguridad, reorganizar los vínculos y elaborar lo vivido.
La Psicoterapia Sistémica ante una catástrofe
La Psicoterapia Familiar Sistémica no se limita a observar los síntomas de una persona o familia, sino en este caso, de toda una comunidad y cómo ésta con su estructura y servicios puede favorecer la resiliencia de las personas. También toma en cuenta cómo la experiencia traumática ha modificado las relaciones, la comunicación, las responsabilidades, los apoyos y las narrativas familiares.
El trabajo psicoterapéutico ayuda a:
- Crear un espacio seguro para expresar emociones diferentes.
- Reducir la culpabilización entre los miembros de la familia.
- Reorganizar los roles y las tareas de cuidado.
- Acompañar los procesos de duelo.
- Recuperar recursos familiares que habían quedado bloqueados.
- Reforzar las redes sociales y comunitarias a través de encuentros grupales compartidos
- Integrar la experiencia dentro de la historia familiar sin permitir que la catástrofe defina completamente su identidad.
Desde una perspectiva transcultural también es importante respetar las creencias, los rituales, la espiritualidad, las formas de apoyo y los significados que cada familia venezolana atribuye a lo ocurrido.
Reconstruir también significa cuidar los vínculos
La reconstrucción de Venezuela no será únicamente material. También será emocional, familiar y comunitaria.
La resiliencia no consiste en negar la devastación ni en transformar rápidamente el sufrimiento en una historia de superación. Consiste en poder atravesar el dolor acompañado, recuperar cierta capacidad de decisión y encontrar los recursos que la comunidad organizada y política y en este caso con ayuda internacional permita continuar viviendo sin olvidar a quienes se han perdido.
Ante una catástrofe, nadie debería tener que demostrar que puede con todo.
La resiliencia comienza cuando el sufrimiento puede ser compartido, cuando las familias reciben apoyo y cuando una comunidad se organiza para cuidar a sus miembros. Porque después de un terremoto no solo se reconstruyen las casas: también es necesario reconstruir la seguridad, la confianza y los vínculos con el apoyo de las autoridades vigentes y el respaldo inequívoco de los países y de la comunidad internacional en su conjunto.
En ITAD ofrecemos acompañamiento psicológico individual, de pareja y familiar desde el Modelo Sistémico y Transcultural.